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Heredamientos de las haciendas de Argual, ¿Quien controla el agua en La Palma?, ¿Agua Pública o privada?
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Caciques en la Palma propietarios de terrenos dentro de un parque Nacional, ¿Quien controla el agua en La Palma?, ¿Agua Pública o privada?
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Ninguna isla está libre de prácticas sospechosas por parte de sus representantes públicos. Eso sí, en unas la actividad ilícita ha sido, hasta ahora, más intensa que en otras.

¿Quien controla el agua en La Palma?

¿Agua Pública o privada?

El agua en la Isla de La Palma

  • Las Haciendas de Tazacorte y Argual expeculan con el agua

    Las Haciendas de Tazacorte y Argual expeculan con el agua

    La Palma

“El primer castigo del culpable es que no podrá jamás ser absuelto por el tribunal de su conciencia”
(Juvenal)

Quienes peinemos canas -como es mi caso- recordamos que el agua no siempre fue muy abundante en algunos municipios de nuestra Isla, en la que muchos ciudadanos recurrían a las aljibes que se llenaban con el agua de las lluvias, para poder vivir de estas, no sólo nos abastecíamos el conjunto de la familia, sino también nuestros animales domésticos, con los que compartíamos el rico elemento.

El agua no sólo es imprescindible para vivir, sino que también lo es para nuestra cultura agrícola, a la que da vida, gracias a ella.

Nuestra Isla de gran tradición agrícola, gracias a sus gentes, mucho ha evolucionado con el aprovechamiento de las aguas subterráneas, que se han hecho aflorar con mucho esfuerzo y tenacidad, para hacer verde a la tierra, no sólo en invierno, también en verano.

En los municipios que tuvieron la suerte de tener un mejor aprovechamiento del agua, para el consumo doméstico, recuerdan que al abrir el grifo, salía agua saludable, sin aditivos y que la podíamos beber sin temor alguno a que alterase nuestra salud. Las facturas que se pagaban por este servicio eran equitativas al bolsillo del ciudadano, puesto que los ayuntamientos no buscaban especulación con este bien común. De un tiempo a esta parte, nos hemos encontrado con que los políticos que hemos elegido (que ejercen de ¿autoridades?), sin nuestro consentimiento han transferido (¿vendido?) una propiedad que es de los ciudadanos de sus municipios. Lo han hecho a empresas multinacionales, que sólo buscan la especulación y la fácil ganancia, a costa del sufrido contribuyente. El agua que ofrecen estas empresas, sólo sirve para el servicio higiénico, pero no para beberla. Para este fin, hay que comprarla embotellada en recipientes de plástico, que vemos a diario cuando pasamos ante un contenedor de basura. ¿Cómo es que hay manantiales de agua potable para envasar y no la hay para que salga por el grifo de nuestras casas? Se han preguntado nuestros ciudadanos, ¿cuánto tiempo tarda en degradarse una botella de plástico y cuánto petróleo se gasta para elaborarla?

Nuestros políticos a los que no damos cheques en blanco, cuando elegimos, deberían tener limitaciones. Entre ellas, no vender nuestras propiedades y si se atreviesen a hacerlo, que vayan a parar ante el Juez para ser juzgados.

Por otro lado tenemos el agua que hoy riega los cultivos de nuestra castigada agricultura, está como siempre y de antaño, en manos de “cuatro” que con ella especulan para beneficio propio, sin límites especulativos. A nadie se le escapa que para poder regar una plantación agrícola, la mitad de la producción se la lleva el “aguamangante” de turno, que se rodea de comodidades y bienestar, que no tiene quien escarba la tierra y la acaricia, baña con el sudor de su frente y al mismo tiempo ruega a lo alto, para que las inclemencias de los tiempos no se ensañen con el esfuerzo y la esperanza de una cosecha, a sabiendas de que nadie que trabaja la tierra, se hace rico, como lo son los “agua tenientes”.

En La Palma tenemos un Parque Nacional en la Caldera de Taburiente, que almacena los mejores acuíferos con los que se abastece, sobre todo el servicio público y las plantaciones de plátanos. Estos yacimientos de agua, no sé si por asignación “divina” y con la denominación de los ¿heredamientos?, son administrados por unos señores que a nombre de las haciendas de Tazacorte y Argual, ponen el precio de la pipa de agua y si no se “entra en el aro”, posiblemente tendremos que esperar a que la Madre Naturaleza, nos riegue los plátanos con la lluvia, que es la única agua que no cobran, por el momento.

Quien haga un poco de memoria histórica sabe que el agua que te­nían los nativos de nuestra Isla (con la que no especulaban), a la llegada del conquistador, le fue arrebatada junto a sus tierras y ganado, a él lo vendió como esclavo, a nuestras abuelas las tiraron al suelo y somos nosotros sus descendientes.

No sé, en pleno siglo XXI, cómo es que aún se siguen autoproclamando administradores del conquistador con la denominación de “heredamientos”, unos señores con corbatas y suntuosas cuentas bancarias.

El agua, elemento básico en el desarrollo de la vida, no debe estar en manos de unos pocos, que se enriquecen con su especulación. Esta debe de ser un bien común, como lo es el aire que respiramos, como es la Madre Naturaleza.

Corresponde a nuestras autoridades, poner orden a tales insolencias.